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Rinitis alérgica

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aunque no tengan síntomas de asma y el

tratamiento correcto de la rinitis mejora en

muchos casos el control del asma.

Desde un punto de vista epidemiológico,

la rinitis y el asma se asocian entre sí de

manera muy significativa. De acuerdo al

documento ARIA, se estima que el 80% de

los pacientes asmáticos presenta además

rinitis, y que el 40% de los pacientes afec-

tos de rinitis asocia asma.

Así pues, independientemente de si existe

evidencia sobre si rinitis y asma son, o no,

diferentes manifestaciones de una misma

enfermedad, de lo que no cabe duda algu-

na es de la existencia de un fuerte vínculo

e interacción entre ambas enfermedades

que aconseja al clínico, en presencia de

cualquiera de ellas, adoptar una actitud

diagnóstica y terapéutica “como” si de una

misma enfermedad se tratara.

Por ello, en todo niño afecto de RA debería

explorarse periódicamente su función pul-

monar y estar vigilantes sobre el posible

debut de síntomas asmáticos para ajustar

el tratamiento a la situación del niño. A

la inversa, en todo niño que consulta por

asma debería hacerse una correcta anam-

nesis y exploración que descartara la pre-

sencia de una rinitis asociada.

TRATAMIENTO

A la hora de planificar el tratamiento de

una RA, el médico debe marcarse objeti-

vos realistas y explicárselos de modo ade-

cuado a los pacientes y sus familiares, con

el propósito de lograr la mayor colabora-

ción posible. Pocos niños afectos de RA lle-

gan a adquirir tolerancia espontánea a lo

largo de los años. Por el contrario, la evo-

lución natural de la enfermedad es la de un

empeoramiento progresivo, que requiere

cada vez mayor consumo de medicación y,

en algunos casos, el inicio de asma alér­

gica. Así mismo, es relativamente frecuen-

te la aparición, a lo largo de los años, de

nuevas sensibilizaciones alérgicas que

complican el pronóstico.

El objetivo es lograr el control de la rinitis

de modo que el niño pueda llevar a cabo

una vida completamente normal, que la

RA no evolucione hacia las formas más

graves y, en la medida de lo posible, evitar

la aparición de nuevas sensibilizaciones y

la aparición de asma.

Medidas de prevención

Desde el punto de vista de la prevención

primaria, desgraciadamente, poco se pue-

de hacer por el momento. En los niños de

riesgo (hijos de padres atópicos) se acon-

seja lactancia materna durante más de tres

meses, evitar completamente el tabaquis-

mo pasivo, evitar la exposición a ácaros

(utilización de fundas antiácaros) y evitar el

contacto con agentes ocupacionales.Todas

las medidas anteriores tienen un grado de

evidencia de su eficacia débil y una fuerza

de recomendación débil. No hay acuerdo

en la utilidad de la eliminación de las mas-

cotas en sus domicilios.

Las medidas de prevención secundaria

recomendadas, una vez que se ha detec-

tado sensibilización alérgica pero todavía

no se ha manifestado la enfermedad, son

medidas globales antiácaros (habitaciones

especiales, fundas antiácaros, lavado de

sábanas a temperatura elevada) y evita-

ción del contacto con alérgenos ocupacio-

nales. La fuerza de recomendación de es-

tas medidas es fuerte, a pesar de un grado

de evidencia débil.También se recomienda

evitar la exposición a mascotas y mohos,

pero con fuerza de recomendación débil.

Las medidas de prevención terciaria

encaminadas a evitar el progresivo em-

peoramiento de la RA, una vez que la en-

fermedad ha hecho acto de presencia, son

las ya referidas medidas de evitación aler-

génica y la inmunoterapia, con un grado

de evidencia “moderado” y una fuerza de

recomendación “débil”, aunque se reco-

noce “un alto valor a la inmunoterapia en

la potencial prevención del desarrollo de

asma”.