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XXXIX

Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergología Pediátrica

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TUMORES MALIGNOS: 0,1%

OTRAS: 6%

Total: 24,5%

A esto habría que añadir otras deficiencias

como las motoras o las sensitivas.

Cuando nos movemos en el ámbito de la

educación especial, el abanico se abre y

podemos encontrarnos con alumnos que

agrupan varias alteraciones al mismo tiem-

po, con sus pertinentes consecuencias.

EFECTOS DE LOS PROBLEMAS

CRÓNICOS DE SALUD SOBRE

LA COMUNIDAD ESCOLAR

La escolarización permite el desarrollo

cognitivo, afectivo y social de la persona.

La enfermedad crónica puede llegar a po-

ner en peligro este desarrollo, como ve-

remos a continuación. Por ello, el tiempo

que se está alejado de la formación en las

aulas debe ser mínimo y la adecuación de

los medios a la situación particular de cada

alumno, máxima. Para ello es necesaria la

coordinación e implicación continua de to-

dos los profesionales y familiares que es-

tán en contacto con el menor.

Ante la noticia de la presencia de un pro-

blema de salud crónico, tanto el niño como

su familia, amigos y entorno escolar sufren

un periodo de adaptación. Este periodo se

puede experimentar de distintas formas,

que dependerán también del tipo de pro-

blema de salud que afecte al niño y de la

edad de la persona que experimenta la re-

cepción de esa noticia.

Así encontramos una primera fase de ne-

gación e incredulidad. Después aparece

el miedo y puede también presentarse la

autoculpabilidad, la frustración y la depre-

sión. Por último se llega a una fase de bús-

queda de soluciones.

Sobre los alumnos afectados y sus compa-

ñeros.

Cualquier problema de salud física acaba

afectando la parte emocional del indivi-

duo, llegando incluso a quedar en un se-

gundo plano en cuanto a consecuencias.

Por lo general, los niños con algún proble-

ma de salud viven más situaciones estre-

santes que los que no los tienen. De ahí

que los enfados sean una seña de identi-

dad de estos niños.

La disminución de energía y de la capaci-

dad de concentración, unidas a la pérdida

de horas lectivas y adaptación ineficaz a la

nueva situación (aislamiento, pasividad…)

suelen provocar dificultades en el aprendi-

zaje y en algunos casos, depresión.

– Hasta los 5 años de edad, el niño ma-

nifiesta miedo a la separación de sus

padres y al dolor físico, siendo muy co-

munes comportamientos de rebeldía.

– Entre 6 y 9 años, su principal miedo es

el daño físico, el denominado “temor

a la mutilación”. Pueden pensar que la

enfermedad es culpa de ellos y pueden

aparecer conductas regresivas. La ira,

ansiedad o tristeza son también comu-

nes a esta edad.

– En la pubertad y adolescencia, la ima-

gen personal y la pertenencia al grupo

de iguales son fundamentales, por lo

que una mala adaptación del menor o

de su medio a su problema de salud,

pueden desembocar en graves proble-

mas de autoestima y alteraciones en el

desarrollo de la independencia. La re-

beldía, tan común en esta edad, se ve

intensificada por el enfado que provoca

la presencia de una enfermedad.

Los compañeros del niño afectado pueden

experimentar desde el absoluto apoyo a

su compañero hasta la más profunda ig-

norancia, llegando incluso al acoso escolar

por ser “el bicho raro” de la escuela o el

instituto. De ahí que el trabajo con el grupo

de iguales sea tan importante.

Dependiendo del tipo de alteración sufrida

por el niño, la clase también se puede ver

afectada por posibles interrupciones de

las sesiones. Véase el ejemplo de las crisis

convulsivas. Se pueden experimentar ca-