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Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergología Pediátrica
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TUMORES MALIGNOS: 0,1%
OTRAS: 6%
Total: 24,5%
A esto habría que añadir otras deficiencias
como las motoras o las sensitivas.
Cuando nos movemos en el ámbito de la
educación especial, el abanico se abre y
podemos encontrarnos con alumnos que
agrupan varias alteraciones al mismo tiem-
po, con sus pertinentes consecuencias.
EFECTOS DE LOS PROBLEMAS
CRÓNICOS DE SALUD SOBRE
LA COMUNIDAD ESCOLAR
La escolarización permite el desarrollo
cognitivo, afectivo y social de la persona.
La enfermedad crónica puede llegar a po-
ner en peligro este desarrollo, como ve-
remos a continuación. Por ello, el tiempo
que se está alejado de la formación en las
aulas debe ser mínimo y la adecuación de
los medios a la situación particular de cada
alumno, máxima. Para ello es necesaria la
coordinación e implicación continua de to-
dos los profesionales y familiares que es-
tán en contacto con el menor.
Ante la noticia de la presencia de un pro-
blema de salud crónico, tanto el niño como
su familia, amigos y entorno escolar sufren
un periodo de adaptación. Este periodo se
puede experimentar de distintas formas,
que dependerán también del tipo de pro-
blema de salud que afecte al niño y de la
edad de la persona que experimenta la re-
cepción de esa noticia.
Así encontramos una primera fase de ne-
gación e incredulidad. Después aparece
el miedo y puede también presentarse la
autoculpabilidad, la frustración y la depre-
sión. Por último se llega a una fase de bús-
queda de soluciones.
Sobre los alumnos afectados y sus compa-
ñeros.
Cualquier problema de salud física acaba
afectando la parte emocional del indivi-
duo, llegando incluso a quedar en un se-
gundo plano en cuanto a consecuencias.
Por lo general, los niños con algún proble-
ma de salud viven más situaciones estre-
santes que los que no los tienen. De ahí
que los enfados sean una seña de identi-
dad de estos niños.
La disminución de energía y de la capaci-
dad de concentración, unidas a la pérdida
de horas lectivas y adaptación ineficaz a la
nueva situación (aislamiento, pasividad…)
suelen provocar dificultades en el aprendi-
zaje y en algunos casos, depresión.
– Hasta los 5 años de edad, el niño ma-
nifiesta miedo a la separación de sus
padres y al dolor físico, siendo muy co-
munes comportamientos de rebeldía.
– Entre 6 y 9 años, su principal miedo es
el daño físico, el denominado “temor
a la mutilación”. Pueden pensar que la
enfermedad es culpa de ellos y pueden
aparecer conductas regresivas. La ira,
ansiedad o tristeza son también comu-
nes a esta edad.
– En la pubertad y adolescencia, la ima-
gen personal y la pertenencia al grupo
de iguales son fundamentales, por lo
que una mala adaptación del menor o
de su medio a su problema de salud,
pueden desembocar en graves proble-
mas de autoestima y alteraciones en el
desarrollo de la independencia. La re-
beldía, tan común en esta edad, se ve
intensificada por el enfado que provoca
la presencia de una enfermedad.
Los compañeros del niño afectado pueden
experimentar desde el absoluto apoyo a
su compañero hasta la más profunda ig-
norancia, llegando incluso al acoso escolar
por ser “el bicho raro” de la escuela o el
instituto. De ahí que el trabajo con el grupo
de iguales sea tan importante.
Dependiendo del tipo de alteración sufrida
por el niño, la clase también se puede ver
afectada por posibles interrupciones de
las sesiones. Véase el ejemplo de las crisis
convulsivas. Se pueden experimentar ca-




