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Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergología Pediátrica
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PODER ESCRIBIR
Como ocurre en todos los oficios, el de es-
cribir también hay que aprenderlo; y a ve-
ces hay que aprender a base de golpes. Si
ya se está convencido de que escribir es
bueno, y de que uno quiere hacerlo, ¿qué
pasos hay que seguir? Los siguientes párra-
fos van dedicados a las distintas etapas de
la escritura de un artículo científico desde la
perspectiva de quien lleva bastantes años
en el oficio, con más o menos fortuna.
Las condiciones para publicar un artículo
científico se pueden clasificar en:
1. Tener algo que decir
2. Escribir el artículo (manuscrito)
3. Convencer a un editor de que el ma-
nuscrito es interesante
4. Enviar el manuscrito
5. Convencer a dos o más revisores que el
artículo es bueno y debe ser aceptado
1. Tener algo que decir
Es evidente que para escribir algo hay que
tener algo que decir. En el caso de las pu-
blicaciones médicas ese algo puede ser ori-
ginal (investigaciones o casos clínicos nue-
vas o de especial interés); o simplemente
puede ser un buen resumen de lo ya cono-
cido, pero que está disperso (revisiones); o
incluso opiniones o hipótesis que pueden
dar lugar a ideas que generen nuevas in-
vestigaciones. Lo más habitual es que se
disponga de los resultados de un estudio a
los que se ha llegado de diversas maneras.
Con demasiada frecuencia se dispone de
los datos y antes de publicarlos se comien-
za una nueva colección de datos. Es una
situación que se encuentra con frecuencia
entre los médicos clínicos. Las razones son
probablemente diversas, pero no vienen
al caso. Sí vienen al caso las palabras del
insigne físico Michael Faraday (2) al joven
William Crookes cuando éste le preguntó
por el secreto del investigador científico:
“Trabaja; termina; publica” Si empezaste
y no terminaste, ¿para que empezaste? Si
terminaste y no publicaste ¿para qué ter-
minaste?Trabaja, termina y publica si quie-
res que alguien más sepa lo que hiciste (y
se pueda beneficiar de ello).
1.1. Algo consistente
En la actualidad no es fácil avanzar en el co-
nocimiento médico sin el método científico.
La mecánica de este método, de sobra co-
nocido, se ha hecho más y más exigente, y
ha de tenerse en cuenta en la adquisición
de los datos. Pero antes de adquirir datos se
requiere una pregunta de investigación que
lleve a una hipótesis y unos objetivos de la
misma. Para tener algo que decir, es fun-
damental que ese algo sea consistente: es
decir, que obedezca a un plan determinado
que empieza en una pregunta de investiga-
ción. Sigue por unos objetivos y una hipó-
tesis, y termina en una colección de datos,
que hay que ordenar y dar a conocer.
No es fácil poder ordenar los datos si el flujo
de la investigación no es el comentado an-
teriormente. Muy a menudo se usan datos
originados en una determinada investiga-
ción planeada, mejor o peor, para estable-
cer conclusiones en ámbitos que –aunque
parecidos– no eran el objetivo concreto de
la investigación original. Esto suele dar pro-
blemas de robustez en esos datos y –como
consecuencia– son un escollo para su publi-
cación: son datos, pero sólo relativamente
aceptables. Es incluso probable que haya
que “martillearlos” para que encajen en
nuestro objetivo, que no es el original de la
investigación. Es difícil que una publicación
con esa base acabe siendo buena. Por lo tan-
to, antes de iniciar cualquier investigación
hay que seguir bien el método científico.
Actualmente existen normas muy específi-
cas respecto a los tipos de investigaciones
y como han de publicarse y –como premisa
previa– como han de llevarse a cabo. Algu-
nos ejemplos son: “CONSORT” (http://www.
consort-statement.org) paraensayos clínicos;
“STROBE”
(http://www.strobe-statement.org) para estudios epidemiológicos; “PRIS-
MA”
(http://www.prisma-statement.org) para




