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Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergología Pediátrica
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5. Convencer a dos o más revisores de
que el artículo es bueno y debe ser
aceptado
Si ha habido suerte, el editor encargado
de procesar el artículo lo ha enviado a dos
revisores al menos, ha recibido sus opi-
niones y –contando con ellas– toma, gene-
ralmente, una de estas cuatro decisiones:
rechazarlo; permitir el re-envío tras una re-
visión mayor; animar el envío tras revisión
menor; y aceptarlo como está.
La última opción es prácticamente impo-
sible, pero si llega, bienvenida sea. Si el
artículo es rechazado no hay mucho que
se pueda hacer. Se puede –desde luego–
apelar al editor para que reconsidere su
postura, pero los más probable es que sea
una pérdida de tiempo. Lo que es funda-
mental es no tomárselo de forma personal.
Es evidente que a nadie le gusta que le re-
chacen un artículo: es como suspender un
examen que uno cree que ha hecho bien.
Pero hay que pensar en que la opinión de
los revisores ha de ser tenida en cuenta
por el editor, y que casi todos los trabajos
tienen limitaciones que pueden ser más o
menos tenidas en cuenta por los revisores.
También hay que tener en cuenta que mu-
chas revistas (al menos las que merecen
la pena) están desbordadas de artículos y
no les queda más remedio, simplemente
por consideraciones d espacio, que recha-
zar un porcentaje (a veces de hasta el 90%)
muy alto del material que reciben.
El rechazo puede ser directo (sin pasar a
revisores) o tras la evaluación de los revi-
sores. En ambos casos hay que ver el lado
positivo. En el primero, el proceso ha po-
dido durar sólo varios días, lo que facilita
el re-envío a otra revista en la que pueda
encajar mejor. Si el rechazo es tras la eva-
luación, entonces tenemos la opinión de
al menos dos expertos, que nos ayudará a
modificar el artículo, mejorándolo, para un
nuevo envío a otra revista. Si se ve esta de-
cisión negativa desde este punto de vista,
será mucho más difícil que al autor le inva-
da el pesimismo y tire la toalla. En este pro-
ceso todos son humanos y todos pueden
equivocarse, o pueden no haber entendido
correctamente el manuscrito, o simplemen-
te pueden tener una opinión distinta en la
que no existe una verdad absoluta. Hay
ejemplos de manuscritos rechazados por
una determinada revista, que son posterior-
mente aceptados por una de mayor calidad.
Es bueno tener todo esto en cuenta ante un
rechazo. Insisto, no es nada personal.
Si se ha tenido la fortuna de que se rechaza
el manuscrito, pero con opción a re-envío
con cambios mayores o menores, se plan-
tea una nueva situación: adaptar el manus-
crito a las sugerencias de los revisores. A
este respecto hay algunas normas (4) que
conviene seguir, y que facilitarán enorme-
mente su aceptación final:
– Contestar completamente a todos los
comentarios de los revisores, punto por
punto. Una respuesta debajo de cada
comentario, numerándolos.
– Responder con educación. Hay que
considerar que un revisor ha dedicado
al menos una hora de su tiempo (a ve-
ces quitándolo se su descanso o de su
familia) en hace la revisión. Se puede
discrepar del comentario de un revisor,
pero es mejor hacerlo de manera que el
revisor se sienta valorado.
– Responder con evidencias científicas.
Si se está en desacuerdo con un revi-
sor, hay que basarlo en algo: hay que
explicar porqué se está en desacuerdo.
Ocasionalmente hay que enfrentarse a al-
gunas situaciones un poco confusas como
las siguientes:
– Dos revisores con puntos de vista con-
trarios. No es una situación infrecuente,
y puede desconcertar al principio. Sin
embargo, se trata de una circunstancia
afortunada para el autor: sólo tiene que
elegir el punto de vista con el que está
más de acuerdo y lanzar a un revisor
contra el otro.
– El revisor está equivocado. Como ya
se ha dicho, los revisores no son Dios




