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XXXIX

Congreso de la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergología Pediátrica

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5. Convencer a dos o más revisores de

que el artículo es bueno y debe ser

aceptado

Si ha habido suerte, el editor encargado

de procesar el artículo lo ha enviado a dos

revisores al menos, ha recibido sus opi-

niones y –contando con ellas– toma, gene-

ralmente, una de estas cuatro decisiones:

rechazarlo; permitir el re-envío tras una re-

visión mayor; animar el envío tras revisión

menor; y aceptarlo como está.

La última opción es prácticamente impo-

sible, pero si llega, bienvenida sea. Si el

artículo es rechazado no hay mucho que

se pueda hacer. Se puede –desde luego–

apelar al editor para que reconsidere su

postura, pero los más probable es que sea

una pérdida de tiempo. Lo que es funda-

mental es no tomárselo de forma personal.

Es evidente que a nadie le gusta que le re-

chacen un artículo: es como suspender un

examen que uno cree que ha hecho bien.

Pero hay que pensar en que la opinión de

los revisores ha de ser tenida en cuenta

por el editor, y que casi todos los trabajos

tienen limitaciones que pueden ser más o

menos tenidas en cuenta por los revisores.

También hay que tener en cuenta que mu-

chas revistas (al menos las que merecen

la pena) están desbordadas de artículos y

no les queda más remedio, simplemente

por consideraciones d espacio, que recha-

zar un porcentaje (a veces de hasta el 90%)

muy alto del material que reciben.

El rechazo puede ser directo (sin pasar a

revisores) o tras la evaluación de los revi-

sores. En ambos casos hay que ver el lado

positivo. En el primero, el proceso ha po-

dido durar sólo varios días, lo que facilita

el re-envío a otra revista en la que pueda

encajar mejor. Si el rechazo es tras la eva-

luación, entonces tenemos la opinión de

al menos dos expertos, que nos ayudará a

modificar el artículo, mejorándolo, para un

nuevo envío a otra revista. Si se ve esta de-

cisión negativa desde este punto de vista,

será mucho más difícil que al autor le inva-

da el pesimismo y tire la toalla. En este pro-

ceso todos son humanos y todos pueden

equivocarse, o pueden no haber entendido

correctamente el manuscrito, o simplemen-

te pueden tener una opinión distinta en la

que no existe una verdad absoluta. Hay

ejemplos de manuscritos rechazados por

una determinada revista, que son posterior-

mente aceptados por una de mayor calidad.

Es bueno tener todo esto en cuenta ante un

rechazo. Insisto, no es nada personal.

Si se ha tenido la fortuna de que se rechaza

el manuscrito, pero con opción a re-envío

con cambios mayores o menores, se plan-

tea una nueva situación: adaptar el manus-

crito a las sugerencias de los revisores. A

este respecto hay algunas normas (4) que

conviene seguir, y que facilitarán enorme-

mente su aceptación final:

– Contestar completamente a todos los

comentarios de los revisores, punto por

punto. Una respuesta debajo de cada

comentario, numerándolos.

– Responder con educación. Hay que

considerar que un revisor ha dedicado

al menos una hora de su tiempo (a ve-

ces quitándolo se su descanso o de su

familia) en hace la revisión. Se puede

discrepar del comentario de un revisor,

pero es mejor hacerlo de manera que el

revisor se sienta valorado.

– Responder con evidencias científicas.

Si se está en desacuerdo con un revi-

sor, hay que basarlo en algo: hay que

explicar porqué se está en desacuerdo.

Ocasionalmente hay que enfrentarse a al-

gunas situaciones un poco confusas como

las siguientes:

– Dos revisores con puntos de vista con-

trarios. No es una situación infrecuente,

y puede desconcertar al principio. Sin

embargo, se trata de una circunstancia

afortunada para el autor: sólo tiene que

elegir el punto de vista con el que está

más de acuerdo y lanzar a un revisor

contra el otro.

– El revisor está equivocado. Como ya

se ha dicho, los revisores no son Dios